Sólo cuando estás cerca
y quizá también cuando creo perderte,
el vacío de las horas que te nombran
puede ser un abismo cálido, casi habitable.
En medio del lamento del agua
que ahora y siempre nos anuda
la alondra asciende hacia adentro,
punza cuidadosa, ágil,
que ahora y siempre nos anuda
la alondra asciende hacia adentro,
punza cuidadosa, ágil,
y celebra el instante de la luz.
El vértigo no me asusta.
Sólo entonces la sombra de mi angustia
te acoge, y en su centro crece
como hierba entre las grietas del camino
(lo sabes, tienes mi mano a tu lado)
la promesa del encuentro,
la esperanza de las flores nuevas,
la esperanza de las flores nuevas,
el rostro fugaz
de nuestra bendición.
Sólo en el umbral del abandono se anuncia
la salvación. Puedo escucharte, aquí
estás.
Sólo en el umbral del abandono se anuncia
la salvación. Puedo escucharte, aquí
estás.