Extiende tu mano tímida hacia
el umbral, escucha el aliento de tu invocación,
la mirada de animal misterioso,
el don de la negrura que te hiere con su brillo.
Pronúncialo, sí, atiende a su llamado:
camina de vuelta bajo su sombra,
toca el extraño resplandor de esta joya vacía,
esta lengua que arde, resuena y se sustrae
-¿cuántos días, cuántos mundos giran
huérfanos
en su dorado círculo desierto,
cuántos en sus letras insondables, cuántos
en el petrificado fuego de su secreto?-
en las grietas mudas de tu nombre
--
como el agua que se desvanece
en los resquicios de las piedras.
"Por entre las fisuras de la palabra, / saberte / armonía o agua primera" José Manuel Arango
jueves, 28 de febrero de 2013
miércoles, 6 de febrero de 2013
Cantiga de lluvia
El sol se esconde
paciente
en medio de la tierra húmeda:
suspendida, la espiga marchita respira.
Los ojos recorren la silueta
de los árboles en cuya sombra
ella levanta su mirada. Y se pierden.
El fino tronco de aire
se eleva callado
entre el camino y las hojas
muertas.
Polillas
La llama seduce las alas ciegas del insecto:
entre la luz y la ingenua
tentación del vuelo,
la crueldad del fuego
envuelve el cuerpo leve en su mortaja.
Un soplo injusto -el mismo
que ahora te toca, te acoge,
te quema-
inaugura el placer en la penumbra,
secreto alado del incendio.
El sol se esconde
paciente
en medio de la tierra húmeda:
suspendida, la espiga marchita respira.
Los ojos recorren la silueta
de los árboles en cuya sombra
ella levanta su mirada. Y se pierden.
El fino tronco de aire
se eleva callado
entre el camino y las hojas
muertas.
Polillas
La llama seduce las alas ciegas del insecto:
entre la luz y la ingenua
tentación del vuelo,
la crueldad del fuego
envuelve el cuerpo leve en su mortaja.
Un soplo injusto -el mismo
que ahora te toca, te acoge,
te quema-
inaugura el placer en la penumbra,
secreto alado del incendio.
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