Mis párpados acarician el fondo
del sol que enciende a la flor
dormida. Como garras que se encorvan
en la hondura desleída del océano,
juntos soñamos -uno junto al otro,
dos en uno quebrado, dos
unidos por el dorso de las letras
que olvidamos-
con el grito inscrito en la greda
del pétalo que brilla,
que arde, que asciende
sonámbulo.
¿Cómo osas respirar en el aura de su vuelo?
Hay tanta luz, tanta. El mundo tiembla bajo
tu salvaje manto -en la boca del viento
las sílabas de mi miedo encandilado-,
y eso duele.
"Por entre las fisuras de la palabra, / saberte / armonía o agua primera" José Manuel Arango
martes, 2 de diciembre de 2014
domingo, 23 de febrero de 2014
Anunciación
1.
Cúbrete; el velo aún no está roto.
Envuélvete con tu aliento perfumado, y
asciende.
No temas. La sed roja del desamparado
te acompaña. Vistes tu vacío con su
túnica.
La llama de tu hoguera me hiere. Tu
lengua
brilla en el mundo con su sombra
calcinada.
2.
Mis manos abrazan con su barro el
fuego
hueco de tu aliento. Esta vez te
espera.
Las horas de los sépalos aguardan en su
océano.
Las horas
–el pulso de su abismo.
3.
Entierro mis palabras en la esclusa tu
nombre.
¿Acaso inmolas mi cuerpo
desde el filo inverso del aire?
El peso exiguo de mi plegaria
ya no te hunde.
4.
Te entrego el vientre de la rosa, la
gravedad
y su desierto.
La puerta de tu boca está cerrada, virgen
–el don de
la raíz ausente, el soplo
cóncavo
de tu
ocaso sin noche.
Los pétalos exudan su memoria
ciega:
el hilo de la pérdida florece entre los
huesos.
5.
Un salto sobre la transparencia, sólo
uno
(estrella que florece en la penumbra)
y nunca más caer.
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