martes, 2 de diciembre de 2014

Mis párpados acarician el fondo
del sol que enciende a la flor 
dormida. Como garras que se encorvan
en la hondura desleída del océano,
juntos soñamos -uno junto al otro,
dos en uno quebrado, dos
unidos por el dorso de las letras 
que olvidamos-
con el grito inscrito en la greda 
del pétalo que brilla,
que arde, que asciende
                                 sonámbulo. 

¿Cómo osas respirar en el aura de su vuelo?
Hay tanta luz, tanta. El mundo tiembla bajo
tu salvaje manto -en la boca del viento 
las sílabas de mi miedo encandilado-,
y eso duele. 

domingo, 23 de febrero de 2014

Anunciación                 

1.
Cúbrete; el velo aún no está roto.
Envuélvete con tu aliento perfumado, y asciende.
No temas. La sed roja del desamparado
te acompaña. Vistes tu vacío con su túnica.

La llama de tu hoguera me hiere. Tu lengua  
brilla en el mundo con su sombra
calcinada.

2.
Mis manos abrazan con su barro el fuego 
hueco de tu aliento. Esta vez te espera.
Las horas de los sépalos aguardan en su océano. 

Las horas
–el pulso de su abismo.

3.
Entierro mis palabras en la esclusa tu nombre.
¿Acaso inmolas mi cuerpo
desde el filo inverso del aire?

El peso exiguo de mi plegaria  
ya no te hunde.

4.
Te entrego el vientre de la rosa, la gravedad
y su desierto.
La puerta de tu boca está cerrada, virgen
–el don de la raíz ausente, el soplo
cóncavo 
de tu ocaso sin noche.

Los pétalos exudan su memoria ciega: 
el hilo de la pérdida florece entre los huesos.

5.
Un salto sobre la transparencia, sólo uno
(estrella que florece en la penumbra)

y nunca más caer.