Hay días tan tristes,
sordos,
como el grito de un ave sin plumas
que abre sus alas
en el huracán de su canto.
"Por entre las fisuras de la palabra, / saberte / armonía o agua primera" José Manuel Arango
viernes, 21 de agosto de 2015
lunes, 22 de junio de 2015
…y la luz se hizo
Tú también eres ciego, tú también te agitas en la oscuridad
Louise Glück
No
hay modo de detener su invasión, su instinto de sombra:
el
vuelo mortal de los murciélagos anida en los rincones
de
la habitación huérfana. Las aves de la noche
cubren
con su sueño de sonidos (nada queda ahora aquí
que
recuerde tu silencio,
nada a tu imagen y semejanza)
los
rastros de los antiguos habitantes –los otros, voces vencidas.
Sus
alas invisibles se agitan en el coro de la oscuridad.
El
polvo aprisionado en la desolación de los muros
bebe
los excrementos de los ángeles ciegos.
En
la hondura del tiempo y su abandono congelado,
el
verbo amasa la arcilla del dolor –una vez más.
(Alza
tus ojos dormidos: la órbita del firmamento
abre
la gruta de su boca negra.
Or,
te dices hacia adentro, bestia temerosa. Algo
–alguien
asciende, posa sus pies de cera fresca
sobre
la tierra cándida del Edén. Alguien busca tu rostro
en
las líneas de sus dedos;
alguien
te nombra.)
*
Como
el báculo encendido de los hombres que te pierden,
un
árbol erige las vértebras de su áurea columna
en
medio del jardín. Incauto,
el
nóctulo muerde la carne
del
fruto prohibido. En la penumbra de su viaje sin alba,
la
lengua rumia el sabor de tus palabras.
La
criatura maldita regurgita la semilla –no
comerás, no beberás
la savia de la luz–
en el instante
de la iluminación.
domingo, 21 de junio de 2015
Reliquias
Sobre una calavera de mono
se ha posado un momento
la mariposa
José Manuel Arango
Bajo
el jirón arcaico de los líquenes y los helechos,
el
dorso metálico de la carrilera germina.
Silencioso, el musgo vibra entre los rieles;
es preciso
que el tren se esfume entre las raíces y
las ruinas
para que el licor perdido de su centro
(de qué manera reservada, con qué frágil inocencia
despierta el corazón de la crisálida)
brote luminoso, sangre de otro tiempo.
*
La
mariposa mueve su cuerpo cerúleo en el aire, posa
la
piel del vuelo en el vértice oxidado, ataja el juego:
impávida en el claro de su trono canicular,
la sibila
levanta su mirada alucinada.
En
el hueso del océano que late entre sus alas
escuchas
–esquiva, la música del bosque toma su figura–
la
sílaba abisal del oráculo, tus pasos
como
reliquias
de
su danza revelada.
jueves, 18 de junio de 2015
Raku
Color y forma, luz y espacio,
pérdidas de las que obtenemos una extraña ganancia.
Charles Wright
Sediento, el labrador amasa la tierra húmeda
entre sus dedos. Los visos púrpuras de la arcilla se hinchan
con la sangre de sus trabajos perdidos.
(Hay huellas invisibles que la luz no toca, no alcanza.)
*
La greda reposa en el vientre incendiado de la astilla.
Qué se rompe en la noche de su interior intacto, qué alquimia
Qué se rompe en la noche de su interior intacto, qué alquimia
se descubre en su fragilidad de alondra herida.
Atiende al prodigio calcinado: un fuego arcano extrae
del esmalte la piel quebrada del metal, reflejo opaco
del esmalte la piel quebrada del metal, reflejo opaco
del principio en sus fragmentos, obra ensimismada
de tu mano –lumbre hecha carne
del azar.
*
El
brillo de la mañana ilumina el polvo de la estancia.
Sobre
tu mesa de madera cuarteada reluce
el
halo blanco de la línea que inunda a la vasija,
que
desnuda su forma en la otra forma del vacío –la llama
helada
que no ves, el umbral inaccesible del color.
No
hay sueño que oscurezca las tinieblas de su visión,
el
centro inmaculado del objeto, su vigilia.
Detrás
de la austera soledad de la silueta, el cuenco
recuerda
el eco del torrente que te unge con su música,
el
batir silencioso
de las
alas. El pájaro asciende:
bebe con el círculo infinito de su abismo
el canto de la lluvia que
anuda el latido de los cuerpos.
lunes, 18 de mayo de 2015
Sumiye
Como
insecto que se vuelca a lo ignoto en su aguijón,
el
pincel cierne el velo de su camino
-el
que ves en sus reflejos, el que olvidas entre sus aguas-
sobre
el dorso del lienzo que lo absorbe:
la
figura alumbra, ofrece su silueta
a
la fragilidad de la seda y su danza ya olvidada,
espacio
de la curva
blanca de tu sombra,
punzada
de un vacío ajeno –lo hondo que ampara
ante
las huellas de tus ojos
al
pétalo naciente.
miércoles, 22 de abril de 2015
Tierra de fuego
1.
El manto de la niebla
envuelve al nogal: la hoja
de la mañana se deja
caer bajo su sombra trasparente,
crisálida que la eleva
en la pluma del gorrión.
El árbol renace en la
raíz alada, ascenso
inocente hacia el fulgor
del sol.
Cuánto habrá de extrañar
el ave
la cifra de su encierro
en la hoja, el camino enterrado
de la corteza y su
dédalo
vegetal.
No hay cera que resista
el peso agrio de tu albor.
2.
Arden los bosques
invisibles en medio del desierto.
La llama abre la habitación
oscura del centro.
Su canto ilumina el
abismo de todo lo que es
sin luz: todo,
una letanía en los pasos
desolados del peregrino,
un gesto nómada entre la
arena que lo abrasa,
una extensión de fuego
sobre esta tierra huérfana, enigma
blanco de la nieve.
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