miércoles, 28 de noviembre de 2012

lunes, 5 de noviembre de 2012

Hasta que la luz sea sólo luz

Una y otra,
una sobre otra, hermanas en el ojo
de la nada que protegen en su gravidez,
apilo sin descanso piedras de pérdida
y luz.
Esculpo con rigor cada una como si fuera nueva,
aunque sé que el tiempo abrigará un día 
nuestros secretos 
con su aliento de nieve.
Terminarán las horas: el mundo se recogerá
en un cúmulo puro de ligereza.

Con el último estertor, cuando caiga 
la última hoja y se cierre la puerta del mar, 
regresaremos uno y otro, 
uno sobre el otro a este muro de olvido, 
y reconocerás mis trazos de ciego 
que hoy te redimen de mis plegarias
(tu mano escapa sin miedo
de la conversación entre las horas
quebradas
que todavía compartimos)
y entonces lo destruiremos todo,
-todo,
la flor y la roca,
el último rastro de ceniza-
hasta que no queden urnas de abandono,
hasta que la luz sea sólo luz,

libres por fin
de nosotros mismos, libres del peso 
de las palabras muertas  
que yacen entre nuestros lamentos. 

viernes, 28 de septiembre de 2012

Lapsario 

Antes del principio y principio en su vuelo, 
la caída, la bendición del fuego: 
tu dilatación en la soledad volátil de la ruina. 
Día tras día, quizá en contra de tu voluntad 
de halcón atento (reconoces en mi súplica 
la violencia de tus manos), 
frente a mis ojos se enciende 
la precaria franja del resplandor: 
la luz siempre inasible 

de lo Uno 
en el estertor de los pedazos. Y temes, 
presa cobarde que se esconde entre las brasas.

Áureo es el miedo que habita en la palabra.


La zarza ardiente

Como un hijo que invoca tu nombre
en el desierto
recibo la vastedad de este campo ciego:
la infinitud grabada en los restos de tu huida,
la luz de una explosión sorda, seca.
Sobre el altar de esta hendidura
                (sin reservas, sin miedo)
concédeme tu abismo; desciende
ígneo
sobre el rostro de la zarza,
escucha a la pobreza de estas flores

y cumple el juramento.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Hoc est corpus tuum


Por momentos olvido que algún día
tendré que enterrar tu cuerpo entre sábanas roídas
y mover la piedra inmensa del sepulcro.
Cerrarte.
Sólo por momentos puedo ser indiferente 
al peso de la nada que habrá de cubrir 
mis horas venideras; el tiempo que dejarás aquí 
tras tu partida
-algo, pienso ahora, como las alas inertes
de un pájaro que muere en la cima de su vuelo
y por fin se entrega a su levedad-
para amasar la ceniza de tu voz
entre mis dedos de criatura ingenua,

entre mis manos que aún te tocan,
derrotadas.

Destierro

La desnudez de la habitación la conquistó el fuego
y los cuerpos anónimos –algunos pequeños,
quizá gruesos, ligeros como aves
de humo– buscaron sus tumbas en el aire espeso.
Se lo llevaron todo a su paso. Se lo llevaron, todo. La brisa
que cobija las casas viudas aún espera
su retorno entre estos muros derrumbados. La brisa
–apenas audible,
tu aliento recoge los fragmentos de hielo
ardiente en los que innumerables ojos

laten. Las flores son testigos de las últimas miradas.
Cuánto pesa en el viento la huella
de su dolor. El suspiro mudo,

sorda voz de Nadie.

martes, 18 de septiembre de 2012

Lo propio y lo ajeno

Todo cuerpo es la envoltura
de un pliegue infinito: detrás de cada
velo
otro velo, en el centro de mi lengua
el eco oblicuo de tu voz.

Todo cuerpo es doble, doble
es su desnudez compartida:
cuando una mano toca la espalda
de la otra, ¿quién 
(desde dónde llegas, desde
qué fuente ajena te ciernes sobre
la piel de mi palabra)
me toca? 

El fuego se esconde en el centro
opaco 
de su vientre.

jueves, 13 de septiembre de 2012

La huida

A veces
cuando los párpados se cierran sobre la imagen
de su espera
la luz irrumpe en el abismo y el mundo,
en su oscuridad de ruina esquiva,
es legible. El trazo habla.
A veces, cuando las horas 
bastardas se pliegan entre sí 
como los murmullos se detienen 
en el ojo del huracán,
el brillo no es sólo incandescencia:
en la contención de las cosas,
en el estertor de las plantas y los fósiles,
el verbo resplandece

y huye. A veces, tal vez tigre 
o runa, 
quizá fuego anterior al fulgor, 
el pasado nos mira callado y sin rostro 
con sus letras suplicantes
y se inmola, 
un halo visible 
en su propio vértigo.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Savia

Como el eco de la onda
que regresa a la orilla,
las palabras caminan hacia el umbral.
Su vuelo traza en el viento
la silueta de lo perdido.
Retorno sin 
retorno, ocaso ascendente.
Los árboles se nutren con su luz inversa;
beben de una fuente de abandono
en la contemplación de un fuego
extinto.
Milagro herido: mudas, 
las ramas florecen.


Bajo tierra

Las hojas rasgadas de los bosques
graban el misterio del principio
en la línea de su fractura
-el cuerpo torturado que resta en aire,
el tiempo subterráneo.
Su nervios siempre abiertos
guardan el envés de la memoria.
Todavía resuenan en la tierra
las sílabas calladas de tu aliento
vegetal. Todavía,
siempre y desde nunca,
la huella

desnombrada.

martes, 28 de agosto de 2012

Cómo, aquí 

-cómo nos tocamos, cómo
nos tocamos con estas manos,
estas manos 
ciegas,
esta piel absorta, 
caída, 
solitaria desmembrada,
cómo se extendió el silencio
que ahora cose en uno nuestros silencios,
nuestros fragmentos huérfanos, nuestros 
tartamudeos en la noche,
cómo nos cubrimos con la sombra
del rayo que te quiebra, cómo la voz 
olvida el aliento, 
cómo el fulgor primero,
el abrazo, 
cómo el viento que amarra 
los temblores de los cuerpos,
cómo la efímera angostura del encuentro, 
cómo nos cubrimos con las horas desgastadas,
cómo nos encontramos, cómo vendados 
nos tocamos en la boca del abismo,
cómo esta habitación prohibida,
cómo en el corazón esquivo de la ceniza,
cómo en la huida del tacto, en el fondo 
sin nada de la nada, 
cómo en el secreto leve 
de las flores muertas,
cómo sobre la llaga invisible,
cómo sobre la llama, en ella 
y fuera de ella, allá,
aquí; 
cómo tú, yo, 
cómo, aquí-

miércoles, 8 de agosto de 2012

Despojos

*
De este lado de la llama
la orfandad de la espera,
el ojo ahogándose en el brillo de la sombra,
tu cuerpo expuesto como flor 
vacía,
el sacrificio estéril de la desnudez.
De este lado la austeridad de las horas:
lenta, en síncopa infinita,
siguiendo el designio de la interrupción,
nos consume la pira del deseo. 
Y arde.

De este lado, 
(aquí, mírame, aquí 
entre el pétalo y su noche) 
este lado. Nada 
más.

*
Arde 
el tacto de la ausencia
en las manos solitarias.

martes, 24 de julio de 2012

Brasas

Todo es
y ha sido siempre en vano.
El mundo se repliega en la belleza de lo sagrado
como la aparición invisible de lo visible
en la escritura de un dios: 
la erosión inapelable del fuego 
en el contorno de la llama,
la opacidad de nuestros ojos 
frente a una emanación de transparencia.
Todo es --

interrupción del sentido agrietado, 
borrarse, caligrafía muda.
Tal vez sólo en la negatividad de la piedra
ardiente
-allí donde ya no quede nada,
en la potencia pura de tu vuelo descendente-
encuentre un signo traducible
aquello que es sin ser nunca
nombre,
sustrato último del ser en su ausencia,

el anverso ciego 
de la luz.

jueves, 21 de junio de 2012

Never let me go

-una a una, como si fueran llamas errantes,
las sílabas de tu nombre sobre la superficie frágil del océano,
y mi voz que se pierde en la ceremonia de las olas,
y tu cuerpo que se abre cuando una se convierte en la otra,
mientras la forma secreta del fuego
(jamás renunciaremos a nuestra devoción)
se congela en la escultura. Una a una,
sí,
porque no hay iluminaciones que no me cieguen,
porque sólo en el fracaso resta la posibilidad del vuelo.
Lo divino se anuncia en la profundidad de la negrura.
Tal vez sea en la música del desconsuelo
en donde el encuentro entre nuestras manos
es el tacto sin tiempo
(no te vayas, no me dejes ir, llévame contigo)
de un desierto habitable:
detrás de las tormentas y su devastación,
el soplo que nos mantiene unidos 
en la promesa

del dolor.

jueves, 24 de mayo de 2012

Temblores

La flor, la tierra, las hojas, los finos hilos
de las ramas, la soledad del tronco grueso:
detenidos en su humilde entrega
a la violenta voluntad del tiempo,
cada uno tiembla con los otros,
respira en sus temblores,
abre sus silencios a un silencio más profundo
y grita
en la sordera que persiste en tus pupilas,
mientras la llama 

absurda 

de lo indecible (después de todo, 
dios no se olvida de sus guardianes)
se enciende ante nuestros ojos encandilados
aquí,
en la nada del medio.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Cuatro árboles (Egon Schiele)

Parados sobre el trazo verde-azul-ocre
de la tierra,
los cuatro elegidos discuten bajo la luz parda.
Después de tantos vientos y lluvias feroces,
tantos fuegos extintos,
tantas horas de miseria y de ceniza,
las raíces aún soportan el horror de los instantes.
A veces uno y otras dos,
uno y su crepúsculo invisible,
uno y su negro doble conjurado,
los sabios solitarios se reúnen en silencio
con las aguas subterráneas,
meditan sobre el invierno que se anuncia
en la flor nueva
y celebran el rostro triste de la luz entre las ramas.
Qué bella es su oración rojo-amarilla,

la lección sagrada, siempre indecible,
del destierro compartido que confiesan 
callados
en su desnudez. 

lunes, 14 de mayo de 2012

La hojarasca

No has de temer el paso del viento rojo
que descose el hilo que te amarra a tus hojas.
No lamentarás el dolor de las ramas rotas,
los vuelos y fracasos de tus alas desleídas,
ni detendrás el curso de la savia
que ahora te abandona.
No te esconderás del estruendo de la muerte,
el soplo inclemente y a veces insonoro
que arrancará el brillo de tu sombra,
pues el mismo aliento que te destroza
-escúchame pronunciar el secreto en tus heridas-
es también el que tejerá con tus despojos,
los livianos durmientes de los que un día beberás,
la manta de cadáveres que siempre te acompaña,
el bálsamo indefenso que habrá de protegerte
del abrazo de la nieve. 

jueves, 10 de mayo de 2012

Para que tú me oigas 

(Pensando en Neruda)

Para que tú me oigas
mis palabras se entregan al vacío.
Mis palabras se adelgazan a veces,
rompen con cuidado las fibras de sus ramas.
Desnudas, desterradas, 
rasgan una a una las fronteras que has trazado,
dejan atrás la sustancia de los nombres

y arden,
hojas muertas entre la savia
seca.

miércoles, 2 de mayo de 2012

La voz de los escombros

No tenemos signos de aire
-pues no hay palabras transparentes, ni silencios 
que no sean huecos, ni puentes sin fisuras-
para nombrar la muerte,
la Nada soberbia de un fracaso compartido. 
No, no tenemos ojos para ver 
el centro oscuro del incendio.
Y, aún así, 
(quizá se trate de un milagro pequeño,
acaso una ironía infinita) 
como insectos nuevos y sin armadura,
siempre indefensos ante la boca de la fiera,
recogemos uno a uno los pedazos 
de nuestros inútiles nombres,
gotas de piedra que previenen 
la visión diáfana de la tiniebla,
y a veces, a tientas, 
escarbando entre la carne 
de los pájaros vencidos,
descubrimos la silueta frágil, 
opaca y bella,
de un hueso de humo, ruina 
que convoca las voces de otros tiempos,
huella de un paso que resuena 
mudo,
-aquí, sí, de este lado-

todavía.

martes, 1 de mayo de 2012

Destello

-mutismo de los cuerpos huérfanos.
Un soplo se deshoja en la precariedad
de la piedra:
el tacto de sus ciegas fibras 
traza el camino de despojos
que va de la ceniza al fuego. 
En la pobreza de la materia arde lo sagrado

aunque nunca ha habido luz,
nunca ha-

viernes, 13 de abril de 2012

No light, no light

Entre la sombra y el trueno
arde el cuerpo del árbol de los caídos.
Sin miedo, 
como el ave que conoce la respuesta,
exfolia sus ojos en el vuelo.
Los párpados imaginan la violencia 
de una estrella inmóvil,
y el tronco,
ahora sin aire y aire en su huida,
se entrega al vacío de la incineración.

No hay luz.

Los cirios exhalan el último suspiro,
pero la música de la llama
negra, 
la voz deshabitada,
(lo sé, debo dejarte ir)
nunca se extingue.

miércoles, 4 de abril de 2012

Noli me tangere

A la sombra de Jean-Luc Nancy

*
Detrás de la mirada de un jardinero oigo
tu voz llamándome en silencio.
No me toques, no quieras tocarme, no.
Ciégate. Abraza mi partida en la frontera, 
escucha el eclipse de tu ojo, 
atiende a la apertura. Espera.
Lee el movimiento de mi escritura prófuga,
la figura sin nombre,

desposeída,
el nombre que pronuncio en la gruta 
de mi boca hueca.

*
Aquí estoy, reconóceme, este soy yo.
Yo soy el árbol deshojándose, 
soy el viento que lo despoja de sus sábanas.
Aquí estás. Desciendes en tu ascenso, 
apareces expuesto en tu salida de ti mismo,
te dilatas

sigiloso
entre la levedad de las piedras.
He renunciado a la promesa de mis palabras,
he recibido el destello vertical,
he recogido el fruto del abandono,
he caminado a tu lado más allá, más allá.
Tu cuerpo se levanta en el sepulcro 
como la llama de una ausencia que se ausenta:
la carne se repliega en un punto de luz

errante. Hablas.

*
Hoc est corpus meum. El trazo de tu silueta 
desvaneciéndose
recorre la superficie de mis manos.
Esto es mi cuerpo. Esto es tu cuerpo desnudo, 

herido en la salvación, anunciándose en la retirada
de una visión prohibida.
En el borde intocable de nuestro deseo,
en el desierto de la fisura,
en el arco de esta oscura habitación iluminada,
puedo tocar los pliegues de tu rostro.

*
Tres olivos crecen sobre el manto de la arena.
Ha llegado el momento: ahora parto contigo.
Sí, ahora parto contigo,

sin ti.