jueves, 24 de mayo de 2012

Temblores

La flor, la tierra, las hojas, los finos hilos
de las ramas, la soledad del tronco grueso:
detenidos en su humilde entrega
a la violenta voluntad del tiempo,
cada uno tiembla con los otros,
respira en sus temblores,
abre sus silencios a un silencio más profundo
y grita
en la sordera que persiste en tus pupilas,
mientras la llama 

absurda 

de lo indecible (después de todo, 
dios no se olvida de sus guardianes)
se enciende ante nuestros ojos encandilados
aquí,
en la nada del medio.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Cuatro árboles (Egon Schiele)

Parados sobre el trazo verde-azul-ocre
de la tierra,
los cuatro elegidos discuten bajo la luz parda.
Después de tantos vientos y lluvias feroces,
tantos fuegos extintos,
tantas horas de miseria y de ceniza,
las raíces aún soportan el horror de los instantes.
A veces uno y otras dos,
uno y su crepúsculo invisible,
uno y su negro doble conjurado,
los sabios solitarios se reúnen en silencio
con las aguas subterráneas,
meditan sobre el invierno que se anuncia
en la flor nueva
y celebran el rostro triste de la luz entre las ramas.
Qué bella es su oración rojo-amarilla,

la lección sagrada, siempre indecible,
del destierro compartido que confiesan 
callados
en su desnudez. 

lunes, 14 de mayo de 2012

La hojarasca

No has de temer el paso del viento rojo
que descose el hilo que te amarra a tus hojas.
No lamentarás el dolor de las ramas rotas,
los vuelos y fracasos de tus alas desleídas,
ni detendrás el curso de la savia
que ahora te abandona.
No te esconderás del estruendo de la muerte,
el soplo inclemente y a veces insonoro
que arrancará el brillo de tu sombra,
pues el mismo aliento que te destroza
-escúchame pronunciar el secreto en tus heridas-
es también el que tejerá con tus despojos,
los livianos durmientes de los que un día beberás,
la manta de cadáveres que siempre te acompaña,
el bálsamo indefenso que habrá de protegerte
del abrazo de la nieve. 

jueves, 10 de mayo de 2012

Para que tú me oigas 

(Pensando en Neruda)

Para que tú me oigas
mis palabras se entregan al vacío.
Mis palabras se adelgazan a veces,
rompen con cuidado las fibras de sus ramas.
Desnudas, desterradas, 
rasgan una a una las fronteras que has trazado,
dejan atrás la sustancia de los nombres

y arden,
hojas muertas entre la savia
seca.

miércoles, 2 de mayo de 2012

La voz de los escombros

No tenemos signos de aire
-pues no hay palabras transparentes, ni silencios 
que no sean huecos, ni puentes sin fisuras-
para nombrar la muerte,
la Nada soberbia de un fracaso compartido. 
No, no tenemos ojos para ver 
el centro oscuro del incendio.
Y, aún así, 
(quizá se trate de un milagro pequeño,
acaso una ironía infinita) 
como insectos nuevos y sin armadura,
siempre indefensos ante la boca de la fiera,
recogemos uno a uno los pedazos 
de nuestros inútiles nombres,
gotas de piedra que previenen 
la visión diáfana de la tiniebla,
y a veces, a tientas, 
escarbando entre la carne 
de los pájaros vencidos,
descubrimos la silueta frágil, 
opaca y bella,
de un hueso de humo, ruina 
que convoca las voces de otros tiempos,
huella de un paso que resuena 
mudo,
-aquí, sí, de este lado-

todavía.

martes, 1 de mayo de 2012

Destello

-mutismo de los cuerpos huérfanos.
Un soplo se deshoja en la precariedad
de la piedra:
el tacto de sus ciegas fibras 
traza el camino de despojos
que va de la ceniza al fuego. 
En la pobreza de la materia arde lo sagrado

aunque nunca ha habido luz,
nunca ha-