Sumiye
Como
insecto que se vuelca a lo ignoto en su aguijón,
el
pincel cierne el velo de su camino
-el
que ves en sus reflejos, el que olvidas entre sus aguas-
sobre
el dorso del lienzo que lo absorbe:
la
figura alumbra, ofrece su silueta
a
la fragilidad de la seda y su danza ya olvidada,
espacio
de la curva
blanca de tu sombra,
punzada
de un vacío ajeno –lo hondo que ampara
ante
las huellas de tus ojos
al
pétalo naciente.