Cantiga de lluvia
El sol se esconde
paciente
en medio de la tierra húmeda:
suspendida, la espiga marchita respira.
Los ojos recorren la silueta
de los árboles en cuya sombra
ella levanta su mirada. Y se pierden.
El fino tronco de aire
se eleva callado
entre el camino y las hojas
muertas.
Polillas
La llama seduce las alas ciegas del insecto:
entre la luz y la ingenua
tentación del vuelo,
la crueldad del fuego
envuelve el cuerpo leve en su mortaja.
Un soplo injusto -el mismo
que ahora te toca, te acoge,
te quema-
inaugura el placer en la penumbra,
secreto alado del incendio.
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