domingo, 23 de febrero de 2014

Anunciación                 

1.
Cúbrete; el velo aún no está roto.
Envuélvete con tu aliento perfumado, y asciende.
No temas. La sed roja del desamparado
te acompaña. Vistes tu vacío con su túnica.

La llama de tu hoguera me hiere. Tu lengua  
brilla en el mundo con su sombra
calcinada.

2.
Mis manos abrazan con su barro el fuego 
hueco de tu aliento. Esta vez te espera.
Las horas de los sépalos aguardan en su océano. 

Las horas
–el pulso de su abismo.

3.
Entierro mis palabras en la esclusa tu nombre.
¿Acaso inmolas mi cuerpo
desde el filo inverso del aire?

El peso exiguo de mi plegaria  
ya no te hunde.

4.
Te entrego el vientre de la rosa, la gravedad
y su desierto.
La puerta de tu boca está cerrada, virgen
–el don de la raíz ausente, el soplo
cóncavo 
de tu ocaso sin noche.

Los pétalos exudan su memoria ciega: 
el hilo de la pérdida florece entre los huesos.

5.
Un salto sobre la transparencia, sólo uno
(estrella que florece en la penumbra)

y nunca más caer. 

miércoles, 17 de julio de 2013

La tierra que prometes existe sólo en el desierto
de tu deseo: desterrado de ti mismo, respiras
como náufrago
asediado por tu belleza,
tu hambre voraz,
el designio agrio de buscar tu luz
en las pobreza de nuestras oraciones.

No lo niegues: habitas en la humildad de nuestros
pies cansados –a de-
light in the attestation
of breath-
less-
ness.
Podría caminar hasta la última puerta, seguirte
hasta el corazón de la piedra y su silencio sin nombre,
quizás celebrar una a una tus huellas
en el barro de nuestras miserias. Podría 
simplemente,
pero es muy tarde: el latido del desastre 
está grabado en las líneas 
de mis manos 
                   (éstas, las tuyas).

Como flor cerrada al abrigo de la nieve
prefiero esperar el momento intocable
del nuevo nacimiento, el eclipse
casi inaudible
de la llama que se apaga. Prefiero tu espera 
indiferente, prefiero

tu-.

martes, 16 de julio de 2013

Verticalidad (tras una nota de Magritte)

A Daniel.

Lorsque 
je 
suis
avec
toi,
au
milieu
de
nos
nuages,
la 
lumière 
est
elle
absolu:
le
soleil
ne 
se
cache
pas
plus, 
comme
le
feu 
qui
chante
dans 
la
nuit 
de
la
cendre.
Cuántas horas de ceniza, cuántos
vuelos perdidos, cuántos himnos vanos
en la noche, cuántos cantos de agua inerte
habrán de florecer en este jardín de sombras,
como espigas que esperan entre nosotros,
entre tu libertad de fiera ansiosa
         (el miedo también te alcanza,
         apenas puedes soportar su abrazo
         cobarde)
y nuestro encierro dorado.
¿Por qué insistes, por qué

incluso en la derrota?

sábado, 11 de mayo de 2013

A Daniel.

Sólo cuando estás cerca 
y quizá también cuando creo perderte,
el vacío de las horas que te nombran 
puede ser un abismo cálido, casi habitable. 
En medio del lamento del agua 
que ahora y siempre nos anuda
la alondra asciende hacia adentro, 
punza cuidadosa, ágil,
y celebra el instante de la luz. 
El vértigo no me asusta. 
Sólo entonces la sombra de mi angustia
te acoge, y en su centro crece 
como hierba entre las grietas del camino
(lo sabes, tienes mi mano a tu lado)
la promesa del encuentro, 
la esperanza de las flores nuevas,
el rostro fugaz

de nuestra bendición. 
Sólo en el umbral del abandono se anuncia
la salvación. Puedo escucharte, aquí
estás.   

sábado, 20 de abril de 2013

Nocturno 

i.
Cuando llueve y estoy solo 
y las ramas afuera hablan del desastre
invoco tu nombre para no perderme.
Soy débil, casi innecesario, inerme 
como el más pequeño 

insecto. 

ii.
La abeja teje su celda de cera pulcra
y bebe del néctar de su esfuerzo;
ciega, 
abre las alas nuevas en su letargo dulce.
Sólo en el océano de su soledad
puede ensayar el vuelo, el salto
mortal.