Habrías de llegar como llega la noche
campo de susurro y silencio
inadvertido,
como el oscuro presagio que entraña
la luz de un océano de fuego.
Habrías de llegar con la herida del ocaso.
Habrías de llegar casi invisible
pero el fulgor es sólo sombra.
Resta en la cesura de los astros
la explosión muda,
la curva de un círculo incompleto,
mi salvaje
ceguera.
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