I
Hemos
venido desde puertos lejanos,
prometidos.
Una tierra
olvidada que la luz no toca.
El viento remueve
la noche de las horas
y la arena
encubre con su brillo
un vientre
de ceniza.
Hemos
regresado a este campo expuesto.
Frente a
frente
nuestras
manos esperan el tacto imposible.
Somos
testigos del clamor secreto,
la imagen
que se anuncia
en la
desnuda transparencia.
(Una
palabra de polvo,
velada,
en el
umbral de tu lengua, mi lengua
herida.)
Juntos,
huérfanos en compañía,
atendemos
al llamado de los cuerpos
desvanecidos.
Nos abraza el rostro de la huida.
La
oscuridad estalla en el fondo de las estrellas.
II
Todo ha
terminado.
La lluvia
cubre el espacio con la humedad
del
vértigo.
Hemos
llegado desde orillas que se escapan.
Del lado
opuesto de las ruinas
resuena el
lamento de los vencidos.
Posamos los
pies sobra la esclusa,
cruzamos la
llama del dolor.
Naufragamos.
Ahora no queda nadie,
nada.
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