martes, 18 de septiembre de 2012

Lo propio y lo ajeno

Todo cuerpo es la envoltura
de un pliegue infinito: detrás de cada
velo
otro velo, en el centro de mi lengua
el eco oblicuo de tu voz.

Todo cuerpo es doble, doble
es su desnudez compartida:
cuando una mano toca la espalda
de la otra, ¿quién 
(desde dónde llegas, desde
qué fuente ajena te ciernes sobre
la piel de mi palabra)
me toca? 

El fuego se esconde en el centro
opaco 
de su vientre.

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