jueves, 6 de septiembre de 2012

Savia

Como el eco de la onda
que regresa a la orilla,
las palabras caminan hacia el umbral.
Su vuelo traza en el viento
la silueta de lo perdido.
Retorno sin 
retorno, ocaso ascendente.
Los árboles se nutren con su luz inversa;
beben de una fuente de abandono
en la contemplación de un fuego
extinto.
Milagro herido: mudas, 
las ramas florecen.


Bajo tierra

Las hojas rasgadas de los bosques
graban el misterio del principio
en la línea de su fractura
-el cuerpo torturado que resta en aire,
el tiempo subterráneo.
Su nervios siempre abiertos
guardan el envés de la memoria.
Todavía resuenan en la tierra
las sílabas calladas de tu aliento
vegetal. Todavía,
siempre y desde nunca,
la huella

desnombrada.

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