La huida
A veces
cuando los párpados se cierran sobre la imagen
de su espera
la luz irrumpe en el abismo y el mundo,
en su oscuridad de ruina esquiva,
es legible. El trazo habla.
A veces, cuando las horas
bastardas se pliegan entre sí
como los murmullos se detienen
en el ojo del huracán,
el brillo no es sólo incandescencia:
en la contención de las cosas,
en el estertor de las plantas y los fósiles,
el verbo resplandece
y huye. A veces, tal vez tigre
o runa,
quizá fuego anterior al fulgor,
el pasado nos mira callado y sin rostro
con sus letras suplicantes
y se inmola,
un halo visible
en su propio vértigo.
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